Esta es una reflexión que encuentro coherente, cuando eres feliz tienes un comportamiento amoroso, te gozas el momento presente, transmites una energía tranquila y quieres que la gente a tu alrededor sonría. Entonces eres generoso, dulce con tus comentarios y en la forma de abordar al otro.

En cambio, cuando eres infeliz, estás amargado, vez problemas en todas partes, actúas de una manera tóxica con tu entorno, generando conflictos, ejercerás tu rol de víctima, culpando a los demás de lo malo que te ocurre.

Creería que la gente se puede curar si quiere, y cuando deja de hablar mal de los demás y sobretodo, cuando deja de culpar a los otros de sus “desgracias”.

Permitirte vivir en un estado de felicidad te hará bien y se aprende, es una disciplina. El dar lo mejor de ti se volverá un hábito y te traerá tanto bienestar, que ya no querrás ser el infeliz que solías ser.