Muchas veces nosotros mismos nos metemos bajo presión o permitimos que la sociedad nos meta. Empezamos a creer que si las cosas no se dan como quisiéramos, o nuestra vida no refleja las expectativas de los otros, hemos fracasado. En cambio a mí me gusta llamar a estas vivencias: “Bendiciones Disfrazadas”.

Pensemos que cuando se termina un contrato laboral o te despiden, muchas veces es para que des ese salto que has dilatado y por fin puedas dedicarte a lo que de verdad te apasiona. Cuando se acaba una relación, seguro hubo fallas por parte de ambos, pero es inicuo conservar una relación en la que ya no eres feliz o no llena tus expectativas. 

Si tu negocio se llega a quebrar, pues tendrás una caja de herramientas en conocimiento para no cometer los mismo errores en el siguiente emprendimiento que decidas hacer. Si no te adaptaste a un destino o país, pues cambias, no eres un árbol, no naciste sembrado, puedes moverte cada que sea necesario.

Y así, podría seguir enumerado otras historias. El mensaje es: “Cambia tu observador” y en vez de verte como un fracasado, empiézate a mirarte como un referente para muchos, ya que debido a tus ensayos, podrás ser un fiel testimonio de cómo podrían funcionar mejor ciertas cosas en una próxima oportunidad.