Por: Natalia Arias

Cuando cursaba mi penúltimo semestre de periodismo, estaba atravesando el duelo de la muerte de mi padre. Me sentía destrozada y jamás olvidaré que una compañera de clase me dijo unas palabras de aliento que en ese momento, fueron tan precisas y poderosas que lograron trasmitirme una fe infinita para seguir adelante con mi vida.
 
Cuento este recuerdo que me marcó porque evidencia la influencia del lenguaje en nuestras vidas. Debemos tomar conciencia de las palabras que emitimos. Es tan poderoso lo que expresamos a los otros, que una sola palabra de aliento puede llegar incluso a salvar vidas, así como una negativa, puede llegar a ser letal para alguien. La emisión de una palabra enaltece o también puede acabar con relaciones y con la reputación de los otros.
 
Sería importante ampliar nuestro vocabulario a través de lecturas, audiolibros o aprendiendo un nuevo idioma, con el objetivo de poder darle el nombre exacto a nuestras emociones y vivencias. Por ejemplo, no es lo mismo decir que estamos tristes, cuando realmente estamos melancólicos. Lo relevante de este punto, es que cuando reconocemos una emoción exacta, dejamos de sufrir. Tampoco es lo mismo describir con palabras inexactas acontecimientos cotidianos, en vez de utilizar aquellas que te permitan contar lo que realmente ocurrió.
 
Invito a que seamos selectivos con nuestras palabras y pensemos dos veces antes de emitirlas, ya que cuando hablas estás prediciendo tu vida, tus relaciones y estás evidenciando quién eres. Dependiendo del lenguaje que apliquemos, haremos nuestra vida excitante o frustrante.