Por: Natalia Arias.

Una de las cosas bonitas que he aprendido, me la enseñó una señora brasilera que conocí en Ribeirao Preto, en la época en la que viví en Brasil. Esta mujer sigue estando presente en mi vida y continua siendo especial y de una finura única. Ella me decía: “Las cosas deben tener siempre un buen principio, desarrollo y un final”. Se  refería a cuando conocemos a alguien nuevo. Esa primera impresión del inicio es clave, también la forma en que tu permites que se desarrollen las cosas, y si ha de tener un final, este cierre también debe ser elegante, honesto y con altura.

Esta teoría la podemos aplicar en nuestras relaciones de amistad, con los colegas de trabajo, en los viajes que planeemos, en una fiesta o reunión que queramos ofrecer. Has que tus interacciones con los otros sean memorables. Tu puedes marcar la diferencia con pequeños detalles. Está en ti darle color a la cosas que eliges vivir. Depende de ti escoger el lugar de los encuentros, la música, el ambiente, el tipo de relación que quieres que se desarrolle y la forma de cultivarla hasta el fin.

No necesariamente todas las relaciones son eternas, pero has que mientras perduren en tu vida sean un placer y que te aporten los encuentros que se fijen; y si has de decir un adiós, tengan una buena despedida, quedándote con lo mejor de esa experiencia.